José María Vitier

▪ Pianista, Compositor, Director ▪

DAVID PUERTA

En el concierto de Vitier, la música fue, en todo momento, la protagonista. Hubo largos pasajes en que nos olvidábamos de que había alguien detrás de esa cascada de sonidos. Y pudimos deleitarnos en las melodías, en los acordes, en unas impresionantes transiciones de tonalidad (recuerdo particularmente una de mayor a menor en el Danzón Imaginario, que me hizo llorar). Es una música que deja huella y que no se puede escuchar impunemente; que se adentra en los pliegues del sentimiento y hace allí su morada deleitosa.   

La virtud de un intérprete se califica por su capacidad de transmitir, no solo aquello que el compositor quiso expresar, sino también y casi más importante, lo que el mismo intérprete quiere que se entienda. Ambas cosas las logra Vitier de manera perfecta. Por eso me gustó mucho que iniciara con dos obras bien conocidas. Nos mostró cómo se pueden “leer” el Manisero y la Comparsa desde una perspectiva determinada. Y luego nos dijo, sin lugar a equívocos, cuál era su propia perspectiva, en las obras propias, tan bellas, tan elegantes y rotundas.

Otra virtud manifiesta en Vitier, es su técnica depurada. Aún en los más arduos e intrincados pasajes, en los más rápidos momentos, cada una de las notas puede ser percibida en forma limpia, honesta, unívoca y precisa. Cuenta su cuento con vigor y entereza, con el más completo detalle, sin atropellar, sin engrupir. Y de esa manera, el cuento se percibe, se aprende y se aprehende, se incorpora en el paisaje espiritual.

Ya se ha hablado y filosofado sobre nuestra incapacidad humana para percibir la trascendencia histórica de las personas con quienes compartimos este mundo. Pensaba, esa noche, que estábamos ante alguien que, sin lugar a dudas, será recordado dentro de doscientos años, primus inter pares, al lado de compositores como Ernesto Lecuona, Gonzalo Roig, Amadeo Roldán……

DAVID PUERTA

Tiplista y musicólogo. Colombia