José María Vitier

▪ Pianista, Compositor, Director ▪

MÚSICA PARA PIANO Y ORQUESTA

MÚSICA PARA PIANO Y ORQUESTA

El presente fonograma,  incluye  un conjunto de obras para piano y orquesta del compositor y pianista cubano José María Vitier.  En este repertorio se recrean diversos géneros de la música cubana como  la habanera, la danza, la contradanza, el son  y el danzón, así como otras piezas en las que el autor propone una mayor fusión con las raíces afrocubanas, todas compuestas a partir de un eficiente dominio de la utilización de la formación sinfónica y del piano como instrumento solista. 

Teniendo en cuenta sus  elementos de estilo, el disco podría decirse que se divide en dos partes  definidas.  

La parte inicial, merece especial mención,  ya que contiene un estreno absoluto  que consiste en la obra “Pulsos”,  la cual representa a mi juicio la plasmación de un nuevo camino expresivo en la obra de Vitier,  Está compuesta por cuatro movimientos: Romántico, Rítmico, Extasiado y Vital.  Desde un punto de vista emocional siento que  la obra va recorriendo diversos estadíos  o “pulsos” de la vida del hombre.  Para ello el autor se vale de una propuesta estilística diferente y desarrolla un  inquietante contrapunto entre el piano y la orquesta.  En ocasiones, como es especialmente  el caso del cuarto movimiento “Vital”, podría pensarse que el piano representa al hombre, mientras que la orquesta es su contexto, su circunstancia, lo exterior que lo envuelve, lo incita, lo enamora, lo agrede, le da la vida y al final lo deja solo ante su destino.  Es una obra sobrecogedora, con momentos de gran belleza,  plena de autenticidad y de búsquedas que marcan nuevos derroteros en el pensamiento musical de este compositor.

La segunda parte de esta propuesta discográfica, reúne  piezas que el autor ha venido trabajando durante más de dos décadas.  Algunas de ellas  forman parte de su repertorio habitual y del de otros pianistas, como obras para piano solo, aún cuando muchas de ellas, nacieron como partituras para piano y orquesta. En esta grabación el compositor propone la versión definitiva de estas obras en lo que podría considerarse una especie de suite de siete piezas cubanas para piano y orquesta sinfónica.

Música  de gran lirismo es la que se recoge en este CD, que nos  lleva de la mano de la belleza a proponernos  quizás  un  romanticismo pleno y desprejuiciado, no “híper”, ni “neo” ni “post”, sino un puro romanticismo cubano y universal, capaz de sorprendernos y emocionarnos en pleno siglo XXI, al hacer uso no sólo de la emoción contenida en la melodía, sino también de los recursos propios de la música contemporánea y de un eventual empleo  original  y eficaz de los ritmos  y los instrumentos de percusión.

Destaca la importancia de este disco por ser una antología que resume, a criterio del compositor, lo más significativo  de su obra para piano y orquesta hasta el año en que se hacen estas grabaciones.    El autor además  considera que es esta música el punto de partida para abordar nuevos horizontes en su trabajo futuro para el piano y para diversos formatos concertantes.

Ha querido José María Vitier dejar este testimonio musical bajo su dirección, decidiendo cada detalle de la sonoridad del piano y la orquesta, y  es por ello que su  papel ha sido el del director y no el de pianista,  a excepción de la Contradanza Festiva, que por contener una cadenza improvisada, es interpretada  integralmente al piano por  su autor.  La orquesta,  en esta pieza,  fue dirigida por el Director Titular de la Orquesta Sinfónica  Nacional, Enrique Pérez Mesa, quien fungió  además, junto a José Antonio Méndez Jr., como directores asistentes de toda la grabación, haciendo ambos un encomiable trabajo durante el proceso de registro de la música.

No podríamos dejar de mencionar el meticuloso y enamorado trabajo de grabación, mezcla y masterización de Miguel Angel Bárzagas,  que nos brinda la posibilidad de escuchar la obra en un adecuado equilibrio sonoro, que evadió al máximo el uso de compresores y limitadores que pudieran afectar el fluir natural de la música con todos sus matices interpretativos.  A la vez la grabación y la mezcla logran  una gran transparencia instrumental que permite discernir la partitura en cada detalle, mostrando con ello un alto profesionalismo  y el dominio cabal de la técnica de grabación del gran formato orquestal.

Llega entonces el momento de hablar del pianista elegido por José María Vitier como el intérprete para realizar estas grabaciones de su música: Marcos Madrigal, joven pianista cubano, cuya carrera se abre paso aceleradamente en Europa, donde reside.  Egresado de la aclamada Academia de Como, en Italia,  realiza una activa vida de conciertos en salas de todo el mundo donde participa también en importantes concursos y festivales de piano.   

Sin embargo no bastaría el más destacado currículo para que el autor sintiera con seguridad que el pianista seleccionado lograría el sentido exacto que deseaba para las interpretaciones de estas piezas.  Como compositor, él deseaba en ésta, su versión de autor, percibir el sonido del piano,  la forma de tocar las obras, las respiraciones, los silencios, la fuerza, la pasión, todo tal como si fuera una interpretación propia y es eso lo que ha logrado este extraordinario pianista.  Su  profundo dominio de la obra pianística del autor, así como otros azares que provienen más del misterio que de la técnica, nos han hecho sentir a muchos, al escuchar las grabaciones,  que es el propio autor el que está tocando, sin dejar por ello de sorprendernos con su propio estilo,  con un virtuosismo incuestionable que ninguna dificultad, técnica o interpretativa, llevó a sus límites. 

Siempre sentimos que Marcos  puede seguir aún más allá y esa fue la meta y el acicate de ambos, intérprete y compositor-director, explorar los límites de la música y entregárnosla como un mar profundo, a veces sereno y otras convulso y apasionado, que nos lleva  a querer seguir, a vivir y vivir  oyendo, sumergidos en esas aguas.

Silvia Rodríguez Rivero. Febrero 2012