José María Vitier

▪ Pianista, Compositor, Director ▪

MISA CUBANA A LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

MISA CUBANA A LA VIRGEN DE LA CARIDAD DEL COBRE

Texto: Emilio Ballagas

Solista: Silvio Rodríguez

Mezzosoprano solista: María Felicia Pérez 

Instrumental

Solistas: Teresita Paz y María Felicia Pérez

Instrumental

Texto: Silvia Rodríguez Rivero

Solista: María Felicia Pérez

Solista: Bárbara Llanes

Instrumental

Solistas: Teresita Paz y Yamilé Jiménez

Solistas: Bárbara Llanes

Instrumental

Texto: Silvia Rodríguez Rivero.

Solista: Amaury Pérez

Soprano Solista: Bárbara Llanes

Piano: José María Vitier

Compuesta y dirigida por José María Vitier

SOLISTAS: SILVIO RODRÍGUEZ / AMAURY PÉREZ / BÁRBARA LLANES / MARÍA FELICIA PÉREZ / TERESITA PAZ / YAMILÉ JIMÉNEZ

La “Misa Cubana”, compuesta por José María Vitier,  está dedicada a la Virgen de la Caridad de El Cobre, Patrona de Cuba.   La obra, en su conjunto, está concebida a partir de la  universalidad de los valores del culto mariano con la especificidad de la cultura cubana.  Culto y cultura se entrelazan buscando una síntesis sonora que nos represente como patria espiritual.

La obra consta de tres cantos a la Virgen de El Cobre en castellano. así como de las partes propiamente litúrgicas: “Kyrie Eleison”, “Gloria”, “Sanctus” y “Agnus Dei”, también se integran un “Hosanna” y dos fragmentos  de acendrada tradición mariana, “Ave María” y “Salve Regina”, todos estos empleando los textos en latín  El formato utilizado para la “Misa Cubana” incluye voces solistas, coro, orquesta de cuerda, órgano, clavicémbalo, piano y percusión.

En relación a la concepción de la música, el compositor parte del legado europeo de música sacra, así como de la tradición musical cubana, tanto “culta” como popular.  En su intención estilística se destacan los usos de la canción tradicional y especialmente la herencia estética de nuestro primer creador de música sacra, Esteban Salas.

Esta obra, estrenada en la Catedral de La Habana en 1996, ha  sido objeto de cerca de 100  interpretaciones en los principales escenarios cubanos e internacionales entre los cuales puede mencionarse  plazas tales como México, Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Suiza, Portugal, Israel, Francia,  Inglaterra,  Dinamarca, Brasil. Argentina, República Dominicana y Ecuador entre otros. 

Una gran parte de estas presentaciones ha estado a cargo de un elenco cubano de elevado nivel técnico tanto instrumental como vocal. Los solistas, el Coro Exaudi y la mayoría de los integrantes de este ensemble excepcional que pueden escuchar en esta grabación,  ha acompañado los destinos de la Misa Cubana por  más de 15 años bajo la batuta de su autor el maestro José María Vitier .

La primera edición discográfica de la obra  se alzó con el Gran Premio del certamen CUBADISCO  en 1998 y posteriormente cada nueva reedición de la misma ha recibido el más amplio favor del público.

La presente edición incluye por primera vez el “Ave María por Cuba” a forma de regalo, ya que no es parte de la grabación original de la obra, sino que se trata de la grabación en vivo de su estreno en Roma, durante la interpretación de la Misa Cubana en el 70 aniversario de las relaciones entre Cuba y el Estado Vaticano.  En esta obra se funden en emocionante  complicidad  la cultura africana y  la europea;  se mezclan, reverentes,  los textos seculares de sus raíces: el Yoruba y el Latín;  coexiste lo clásico y lo contemporáneo, todo para crear una realidad propia y desprejuiciada llena de simbolismos y autenticidad. 

Silvia Rodríguez Rivero

 

LA HISTORIA

Para un compositor contemporáneo, tal vez la forma musical más riesgosa de recrear lo sea, la misa originaria de la Iglesia Cristiana, ese monumento musical llevado a su clímax en el siglo XVI por Giovanni Pierluigi da Palestrina.  En primer término, el texto en latín configura el diseño melódico,  cualquiera que sea el "estilo" personal que mueve la mano del compositor.  No obstante, en esta forma musical se hace presente, en su recorrido por la historia, el ámbito sonoro prevalente que la ve nacer: Alessandro Scarlatti,  Juan Sebastian Bach, Amadeus Mozart, Ludwig van Beethoven, y más acá, Leos Janácek, Igor Stravinsky, Maurice Ohana, Krzysztof Penderecki, confirman este hecho.  En nuestros días algunos músicos han acudido a las fuentes populares, sobre todo en Latinoamérica, con las llamadas misas “criollas”.

José María Vitier ha logrado, con aguda inteligencia, la gran síntesis propuesta: entrelazar los valores del culto litúrgico con elementos definidos de nuestra tradición culta y popular. En cuanto a la elaboración estructural de la obra, el compositor conserva el orden secuenciado del Ordinario para una Misa mariana: Kyrie, Gloria, Sanctus y Agnus Dei, con la incorporación de otras partes (Hosanna, Salve Regina) y la inserción de tres hermosas canciones, colocadas como grandes pilares que soportan el andamiaje del espléndido edificio sonoro.  La primera, a modo de Introito, lleva un luminoso texto del poeta Emilio Ballagas: "Déjame tomar asiento”, tratado en forma alternada - solista masculino y coro -.  La segunda canción, en el lugar que corresponde al Credo,  lleva por título “Misteriosa Transparencia”, para voces femeninas; y la última, que cierra la Misa ,“Plegaria a la Virgen de El Cobre”- solista masculino y coro -, es un canto de alabanza y exaltación a nuestra patrona nacional. Estas dos últimas, con bellos y sutiles textos que fueron elaborados por una exquisita poetisa vinculada espiritualmente al compositor: Silvia Rodríguez Rivero. Y para hacer más próximo a nuestro suelo el hálito poético de estos textos, el compositor se remite a “décimas” y “cuartetas”, que marcan signos en el devenir histórico de nuestras letras.

 

BREVE COMENTARIO SOBRE LA OBRA

La Misa despierta con la bella canción "Déjame tomar asiento", texto del poeta cubano Emilio Ballagas.  Después de una breve introducción instrumental,  entra el solista entre líneas ornamentales para iniciar un juego sonoro con el coro y el fondo instrumental,  culminando en una espléndida coda.

En el “Kyrie”  surge la voz solista con un austero diseño monódico, se le suma imperceptiblemente el coro y ambos avanzan, en diálogo ondulante, hasta alcanzar un clímax común. Inesperadamente, asoma un fondo rítmico instrumental - con discreta percusión - y sobre ésta juegan en rico diálogo la solista y el coro -, que desglosa sus entradas polifónicamente hasta que todos retornan a la calma para finalizar.

El “Gloria” aparece elaborado en forma tripartita: “Gloria”, “Laudamus te”, “Quoniam”.  El “Gloria” se mueve en un clima rítmico de exaltada alegría, con fuertes evocaciones “soneras”. Después de una breve introducción, la parte instrumental comenta el elemento temático con que van a dialogar coro e instrumentos, con ricas modulaciones que llenan de color el ámbito sonoro. 

El “Laudamus te”, comienza con un solo de voz como pequeña introducción, cuyo tema se convierte en un delicioso  "son" a dos voces con toque de claves y un piano en libre contrapunto con dichas voces, rememorando la “vieja trova cubana. Al fondo, el coro llena el espacio armónico.  Al final, una coda con cadencia conclusiva, y se retoma en el “Quoniam” el material del Gloria, con su riqueza rítmica y con algunas variantes: entradas fugadas del coro y alusiones al ritmo sonero, que marchan de modo diluyente hacia el final.

“Cum Sancto Spíritu” ocupa un breve espacio de austera densidad coral como un intermedio para alcanzar la canción central “Misteriosa Transparencia”, con texto de le poetisa cubana Silvia Rodríguez.  Después de una breve introducción de las cuerdas, esta canción, a dos voces, se enmarca en la más legítima tradición de la cancionística  cubana de ayer, de hoy, de siempre.

El “Sanctus” nos lleva, con ingeniosa habilidad, del villancico "salesiano" a lo ancho del "punto" guajiro con un espléndido fondo instrumental. La riqueza armónica y los recursos rítmicos desbordan los límites  isleños,  trayéndonos reminiscencias de múltiples variantes del antecedente hispanoamericano  esparcido por toda Latinoamérica.

El “Agnus Dei” es una música austera, que se desliza con gran serenidad. Comienza con una breve introducción para dar entrada a las voces solistas, con la presencia contrapuntística del piano y las cuerdas, a través de contrapuntos libres en permanente juego con el diseño melódico de los solistas.

“Hosanna” comienza con una sola voz que anuncia el tema. A partir de aquí dialogan el coro y la voz con el órgano al fondo.

Salve Regina está concebido en dos grandes secciones: la primera, un gran coral de carácter sereno con un fondo instrumental en diálogo con el coro. En la segunda, de gran impulso, asoma el rostro nuestra clásica contradanza, “saumeliana”,- con una sutil percusión -, donde el coro se desglosa para acentuar las características de los procesos  polifónicos.

La "Plegaria a la Virgen de El Cobre”, cuidadosamente elaborada como suma y resumen de tanto decir esplendoroso, comienza con un solo de órgano seguido del coro.  Inician piano y cello un diseño temático que responde el coro para preparar la aparición del solista. A partir de aquí, en forma responsorial, juegan voz, coro e instrumentos hacia un clímax que cierra triunfalmente la misa.

 

EL COMPOSITOR

La  “Misa Cubana”, a la Virgen de la Caridad de El Cobre, se mueve en un lenguaje de gran transparencia tonal, donde asoman la elaboración polifónica, la riqueza modulatoria, la habilidad rítmica y el equilibrio tímbrico instrumental, que a lo largo de su trayectoria denotan la solidez del edificio sonoro levantado por el compositor.  Los procesos puestos en acción en cada una de las partes que integran la misa, reclaman un análisis musicológico de amplia dimensión y de profunda reflexión, en relación con la gran síntesis lograda con elementos por lo común irreconciliables. Aquí entran en juego aspectos conceptuales, formales, expresivos, sustentados por la experiencia profesional del compositor . Presumimos que este Misa quedará como la obra fundamental en el catálogo del maestro

José María Vitier.

 

LOS INTERPRETES

Músicos cubanos de muy alta categoría profesional y de gran prestigio internacional, fueron los realizadores de este acontecimiento sonoro, bajo la dirección del autor de la obra. La calidad lograda en cada instante, de modo individual y colectivo, permite al oyente penetrar en cada aspecto de la obra, desde su artesanal elaboración, hasta los recónditos secretos del “elan” creativo.  En obras de disímil formato, como esta misa, es un privilegio este logro donde hay que señalar  la feliz participación de los responsables de la grabación.

Harold Gamatges

 

 

DÉJAME TOMAR ASIENTO

 Música: José María Vitier.

 Letra: Emilio Ballagas

 

Déjame tomar asiento

En tu preciosa canoa

Y poner al cielo proa

Navegando por el viento.

Muévame el Divino Aliento

Con su poderoso brío.

Entrame en tu claro río

Y súbeme a los alcores

Donde ángeles ruiseñores

Abren las albas del pío.

                    

¿Qué pie pusiste primero

En la barca temblorosa?

¿Qué huella de austera rosa

Marcó con fuego el madero?

Tu cuerpo tornó ligero

Lo que el peso ya vencía.

Pues parece que vacía

La ingrávida barca vuela

Dejando impoluta estela

Por donde pasa María.

 

MISTERIOSA TRANSPARENCIA

 Música: José María Vitier.

 Letra: Silvia Rodríguez Rivero

 

Amor, misteriosa transparencia

que a tientas persigue mi destino.

Poder inasible que adivino,

frágil levedad es tu presencia.

 

Tu historia, inspirada poesía,

desde antaño viene cautelosa,

a encantar, vivo sueño, bondadosa,

la agreste soledad de nuestro día.

 

Eres tú paloma enamorada,

y es cobija de almas tu plumaje.

Va tu vuelo al recóndito paraje,

donde eres por El Cobre iluminada.

 

Llévame paloma al suave nido,

colma de dulzura el largo viaje.

Muéstrame en tus ojos el paisaje

cuando haya en mi alma amanecido.

 

PLEGARIA A LA VIRGEN DE EL COBRE

Música: José María Vitier.

 Letra: Silvia Rodríguez Rivero

 

Amada Virgen de El Cobre.

Paz de tempestad surgida.

En mis ojos detenida,

eres alivio de penas

y fe de mi alma prendida.

 

Virgen de la Caridad,

Madre de Dios,

Ven a verme.

 

En tu nombre es realidad

la palma real y el sinsonte;

mi mar, mi cielo, mi monte,

brisa de simple verdad.

 

Virgen de la Caridad,

Madre de Dios,

Ven a verme.

 

Sea mi plegaria el río

que va camino a tu pecho.

Mi corazón sea tu lecho

y tu intenso amor mi brío.

 

Ven a verme, Madre.

 

Virgen de la Caridad,

Madre de Dios,

Ven a verme.

 

Baña con tu luz mi cuerpo,

Purifica mis heridas,

Ampara mi leve vida.

Acompáñame en la muerte,

 

Ven a verme, Madre.

 

Virgen de la Caridad,

Madre de Dios,

Ven a verme.

 

Contiene: 12 temas musicales (9 con textos en latín correspondiente al oficio de la misa católica tradicional y tres canciones y 3 canciones, una con texto de Emilio Ballagas y 2 con texto de Silvia Rodríguez Rivero.

Intérpretes: Silvio Rodríguez (1), Amaury Pérez (11), María Felicia Pérez,  Teresita Paz, Yamillé Jiménez, Coro Exuadi, Orquesta de Cámara Numadil, María V. del Collado (pno, clave y órg)

Este CD Obtuvo el Gran Premio Cubadisco en 1999.